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PSICOLOGÍA IES EL ÁLAMO

NI CONTIGO NI SIN TI...

Como dice la copla: "Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio; contigo porque me matas, y sin ti porque me muero". Y es que, si las despedidas son tristes, terminar una relación puede ser bastante complicado.

Una de las posibles complicaciones que surgen en las rupturas es que no sea posible para los miembros de la pareja marcar las distancias necesarias. Esto puede deberse a razones objetivas. Es decir, a causa de proyectos o compromisos comunes que no pueden anularse sin más, sobre todo si hay hijos y casa por medio. Sin embargo, la relación también puede perpetuarse innecesariamente debido a ciertas actitudes entre los miembros de la pareja.

En la ruptura pueden entrar en juego sentimientos de culpa, de inferioridad, de superioridad... que dificultan que la relación llegue a una conclusión satisfactoria. En este sentido, conocemos relaciones en las que uno de los dos miembros se siente, quizás, culpable y, además, quiere dejar una buena imagen de su persona.

Para muchas personas es imprescindible gustar. De hecho, hay para quienes es una prioridad: pretenden gustar, caer bien y recibir aprobación de la gente que les rodea. Ello les sitúa en una difícil posición a la hora de actuar genuinamente y de decir lo que piensan. Hay un dicho que afirma que es difícil quedar bien con todo mundo. Y nosotros decimos que ya es bastante complicado quedar bien con una sola persona.

Alguien que quiere agradar puede sentirse bastante incómodo a la hora de romper con su pareja. Le sabe mal sentir que la otra persona sufre por su culpa y le preocupa que su imagen se vea de alguna manera deteriorada, por lo que se excede en el razonable interés por el otro con llamaditas y citas sin sentido. Si lo has dejado con esa persona, ¿cómo quieres que esté? Pues estará bastante fastidiada y triste, como es de esperar a poco que la relación hay sido significativa y tenga aprecio por el amor perdido.

Otros pueden seguir buscando a su ex con la excusa de que no desea verle sufrir. En un cierto sentido, es posible que se esté actuando por pena, compasión, lástima... y se esté situando a sí mismo por encima de la otra persona al creer que está en sus manos aliviar sus sentimientos. Éstas, en el fondo, son maneras, probablemente inconscientes, de ejercer control en la relación, que supuestamente ya ha terminado. Y si termina una relación, déjala correr.

Cuando una relación termina, lo hace para ambas personas. Cada uno es responsable de gestionar su historia. Muy probablemente cada cual tendrá la necesidad de resolver su propio duelo −y el ex o la ex no están en la mejor posición para ayudar activamente al duelo ajeno−. El tiempo suele ayudar a curar las heridas y a alcanzar una mayor perspectiva de los hechos, pero, sobre todo, saber guardar las distancias es lo más recomendable.

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