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PSICOLOGÍA IES EL ÁLAMO

¿la comida condiciona el comportamiento?

¿la comida condiciona el comportamiento?

Diario El Mundo 23 octubre de 2006 FERNANDO MÁS

El individuo X no desayuna nunca. Prefiere dormir. A media mañana tampoco come nada. Sigue en la cama. El almuerzo consiste en cuatro o cinco tazas de té con leche y dos cucharadas y media de azúcar. A media tarde, café con leche: tres o cuatro tazas. Siempre con azúcar. Al caer el día prefiere patatas y huevos regados con ketchup, dos rebanadas de pan blanco y té o café. Cinco tazas. Para cenar, otra vez té o café con leche, chuches, bollos y, si tiene dinero en el bolsillo, quizá tres o cuatro pintas de cerveza y unos 20 cigarrillos.

Ésta es la dieta, científicamente comprobada, de X, un joven condenado en 13 ocasiones por robar camiones de reparto. ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra? X forma parte de un experimento del profesor Bernard Gesch, investigador de la Universidad de Oxford, que desde hace años estudia cómo la comida basura o una dieta absolutamente delirante pueden estar directamente relacionadas con la violencia.

No es la primera vez que se mantiene una tesis semejante. Ya en los años 70 uno de los mejores expertos del Reino Unido en el análisis de los efectos que los ácidos grasos tienen sobre el cerebro, el profesor Michael Crawford -hoy en la Universidad Metropolitana de Londres-, vaticinó que las deficiencias alimenticias aumentarían los problemas mentales y de comportamiento.

Para sus pruebas, Gesch se valió de 231 voluntarios de la prisión de Aylesbury. A unos les cambió la dieta de forma radical: más vitaminas, minerales y suplementos de ácidos grasos esenciales (que no son fabricados por el organismo). A otros simplemente los trató con placebos.

Reultado fabuloso

El resultado fue fabuloso: poco tiempo después comprobó que las reacciones violentas de aquéllos a los que había cambiado el menú disminuyeron un 37%. La otra mitad mantenía su comportamiento agresivo. Cuando el experimento concluyó, la situación en la prisión volvió a ser como antes: incontrolable.

En ningún caso se pretende ligar alimentación a violencia de forma absoluta, pero sí se trata de demostrar que, en cierta medida, la dieta está ligada a comportamientos violentos. Tal y como ha publicado esta semana el periódico The Guardian, el antiguo jefe de prisiones del Reino Unido, Lord Ramsbothan, ha mostrado su «convencimiento absoluto de que hay un vínculo directo entre la dieta y los comportamientos antisociales: una dieta mala provoca reacciones malas y una dieta buena las previene».

Es difícil aceptar un argumento tan categórico, pero los científicos que llevan trabajando en este campo durante años insisten en el papel que tiene el ácido graso Omega-3 sobre el cerebro. En Gran Bretaña hasta el ministro de Educación, Alan Johnson, ha planteado la idea de dar aceite de pescado en las escuelas. ¡Qué mejor fuente de Omega-3!

El profesor de Psicología John Stein, de la Universidad de Oxford, defiende su tesis: «Sólo hay evidencias remotas de que chicos sin problemas puedan beneficiarse del aceite de pescado». Eso sí, no le cabe la menor duda, revisando los estudios que se han hecho tanto en prisiones de EEUU como del Reino Unido, de que una alimentación deficiente está fuertemente vinculada con actos criminales, aunque los mecanismos involucrados no se conozcan bien.

De lo que se trata es de entender el efecto de los ácidos grasos esenciales -que no produce el organismo- en el cerebro. Las conexiones entre las neuronas contienen grandes cantidades de estos ácidos. Digamos que el que las conexiones sean correctas depende de neurotransmisores como la serotonina o la dopamina. El Omega-3 contribuye a que las membranas de las neuronas se vuelvan más fluidas y elásticas, permitiendo que la información fluya entre ellas de forma más eficiente.

Si lo que llegan son ácidos nocivos, los neurotransmisores no pueden acoplarse y funcionar adecuadamente y, como indican otros estudios, cuando el complejo sistema de neurotransmisores no trabaja bien pueden producirse efectos perversos. Niveles bajos de serotonina, por ejemplo, aumentan el riesgo de suicidio, depresión e impulsos violentos. Y quizá gran culpa de todo ello sea de la comida basura.


Comida, depresión y agresividad

En los estudios realizados para comprobar los efectos de una mala alimentación se concluye que la sociedad no sólo afronta un problema de salud física, sino de salud mental. Entrar en qué consecuencias puede tener la falta de alguna vitamina sería absurdo. De lo que se trata, en este caso, es de explicar cómo, según los científicos, la ingesta de dosis inadecuadas de las grasas esenciales que necesita el cerebro o de los nutrientes necesarios para asimilar esas grasas están provocando una gran cantidad de problemas mentales que van desde la depresión a la agresividad.

Joseph Hibbeln es uno de esos científicos que ha estudiado los vínculos entre alimentación y comida 'basura'. Los resultados, dicen, no son un milagro. Considera que sólo hay que entender la bioquímica del cerebro para darse cuenta de que las dietas actuales están modificando las estructuras y funciones cerebrales. «La pandemia de violencia en las sociedades occidentales podría estar relacionada con lo que comemos o dejamos de comer. La comida 'basura' no sólo puede provocar enfermedades, también locura».

Con los datos en la mano de un estudio realizado en 30 pacientes violentos en el que se demostró que el consumo de Omega-3 reducía sus ataques de ira en una tercer parte, Hibbeln se atreve a concluir que los cambios alimenticios durante el último siglo «han sido un experimento incontrolado que ha contribuido» a incrementar en la sociedad los niveles de «agresividad, depresiones y muertes por accidentes cardiovasculares».

Ahora bien, ¿en qué cantidades hay que ingerir dosis de ácidos grasos esenciales o reducir la ingesta de una patatas con huevo frito? Lo que está claro es que el menú del individuo X no es nada, nada recomendable

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1 comentario

Erebo -

que geniál comentario, investigaré al respecto.
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